16.9.15
NUEVA TEMPORADA
13.7.15
Un triatlón olímpico!!! Uff ya sólo el nombre asusta.
En el mes de Junio del año pasado, justo después de la Carrera del Agua, me lancé a la aventura de la bici. Si, toda una aventura. Si los niños y ancianos podían montar en bici, yo también tenía que conseguirlo. Aún recuerdo ese día, amanecía en Madrid Río, ¡menos mal! así nadie podía verme. Después de cinco minutos para subirme a la bici, inicié mi aventura con Jesús. Él se convirtió en mi coach y en mis ojos porque claro, yo no podía mirar a ningún lado más que asegurarme que aquella máquina infernal no me tirara al suelo. Los 15 minutos que estuvimos montando se me hicieron como una hora. En el silencio del amanecer sólo se oía un ¡uyuyuy que me la pego! o ¡que viene un perro a 500 metros!! y unas risitas por lo bajini de Jesús. Luego vino aprender a bajarse de la máquina infernal, subir el sillín, relajar las manos para que no me doliera luego todo el cuello, pasar por los pivotes de la casa de campo, esquivar niños, ancianos, perros y así poco a poco fui mejorando. En dos meses participé en dos supersprint. Temblaba sólo de pensar en el turno de la bici. Pero los hice y sin magulladuras.
Después, este año, vino la bici de carretera. Hasta Mayo no pude salir con ella. Poco a poco me fui haciendo amiga de mi bici, "Beni". Que aventuras hemos pasado juntas con Luis y Jesús. 30km, 40km y así hasta hacer 70km y horas de rodillo en casa para poder subir garabitas tres veces sin dejarme los higadillos porque en un acto de inconsciencia me había apuntado al Sprint del Skoda. Otra vez mi coach, Jesús, me llevo por las tres vueltas dándome instrucciones, cambia plato ahora piñón, y sprint conseguido. Subidón total.
Pero claro aquí no podía quedar la cosa. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues allá que voy a apuntarme a un Olímpico con cortes, el de Medina de Rioseco. Todo estaba estudiado al milímetro sacar provecho de mi "velocidad" en el agua para ganar tiempo para la bici y el recorrido de bici estudiado y revisado. Sólo había un problema, tres giros que me quitaban el sueño. Si, parece fácil pues para mí no lo es ¿cómo voy a poder girar en una carretera de doble sentido sin salirme?. Y llegó el gran día. Como estaba previsto la natación bien. Agua sucia y fría pero una ya empieza a acostumbrarse. La salida, por una escalerita bien resbaladiza. A mi llegada a boxes me encuentro a Jesús, ufff!!! que bajón me dio. Había vomitado. Medio temblando me quito el dichoso neopreno que se quedaba pegado a mi piel como una lapa y consigo sobreponerme para afrontar la bici yo sola. Poco a poco voy perdiendo la ventaja que había ganado en el agua, pero ya contaba con ello. Así que no me desanimo y sigo a mi ritmo. El viento me daba en contra o eso creía. Llega el primer temido giro y como no me veo con fuerzas digo, ¡que narices! Antes que pegarme una castaña prefiero bajarme. Veo uno tirado en la cuneta y grupos bajando a toda pastilla pero yo sigo a mi bola. Sin darme cuenta he terminado la primera vuelta y a lo lejos Jesús animando. Le pregunto si voy bien y me dice que genial que siga. Pero en el fondo yo pensaba que me lo decía para animar. Así que ya de camino a hacer la segunda vuelta en un alarde de valentía miré el garmin. Si valentía porque todavía tengo muy limitadas mis facultades en la bici. No me lo creo me quedan 6 km y tengo un margen de más de 45´. Consigo terminar la bici sin magulladuras y 30´antes del corte. Ya lo demás daba lo mismo. No importaba el calor sofocante y la sed horrorosa. Lo había conseguido porque correr 10km sabía que lo podía hacer y a buen ritmo.
Me queda mucho que aprender de la bici pero ahora que somos amigas, las cosas van a ir mejorando
Ya soy Triatleta Olímpica
Rocio
28.6.15
La técnica de sonreír
23.6.15
SUPERANDO BARRERAS
Rocío
21.4.15
Yo, a lo mío
Siempre fui reacia a las competiciones, no sé si por miedo escénico o por miedo al fracaso, pero el caso es que nunca estuvo dentro de mis planes competir, vamos que pensaba que no tenía alma competitiva. Hace unos años, Goretti, gran amiga, consiguió que me inscribiera en una triatlón popular, triatlón que no llegué a hacer, porque me pudo más el estrés del momento. Así que con estos antecedentes, ¿quién me iba decir a mí que el pasado domingo 12 de abril competiría en la Locomotora Sprint 2015?
Llevo muchos años nadando, muchísimos, pero, como digo, nunca me había planteado competir hasta que, primero, un día, el bueno de Eddi me estuvo comentando sus aventurillas en las competiciones de natación; luego, Isidro, otro compañero, que mencionó cómo había mejorado desde que competía y, por último, Rocío, en el vestuario, que me espetó un "¡Anímate! ¡Es muy divertido!". Así que me dije ¿por qué no?
Me apunté sin saber realmente a lo que iba, sin saber si me gustaría el bullicio y follón de alrededor. Un sábado que iba a la piscina me encontré (digo me encontré porque jamás miro los entrenos) con que se había quedado para entrenar para la Locomotora y tuvimos que hacer relevos. Llegaba tarde así que no tuve mucho tiempo de pensarlo. Llegar y a nadar, y me ocurrió una cosa que no me había pasado nunca y es que había algo que me hacía nadar más rápido que de costumbre y era el pensar en mis compañeros. Curiosamente, ese sábado durante el entrenamiento creo que he hecho mis mejores tiempos hasta la fecha. Me sentí pletórica.
El 12 de abril llegué de milagro a la piscina donde se lleva a cabo esta competición, venía de viaje y encima con ataque de alergia. Mis tripas eran un poema. Carlos, el hombre tranquilo, ante mi afirmación de "Estoy hecha un flan", me contestó "Tú, a lo tuyo". Así que, yo, a lo mío. En el vestuario, mientras me cambiaba Rocío repetía su mantra, nuestro mantra, "Lo importante es que todas terminemos todo, que si no la Pepponi tiene que tirarse de nuevo". Así que yo, a lo mío.
Me tiré al agua para calentar, a pesar de que iba a pasar un buen rato hasta que me tocara nadar, más por tranquilizarme que por mis músculos, la verdad. Fue peor el remedio que la enfermedad porque no había más que niñas de 15 años más fuertes que el vinagre adelantándome a toda pastilla, vamos que calentando ya nadaban más rápido que yo cuando voy rápida. Así que yo, a lo mío.
Cuando llegó mi turno, mis primeros 400, me tiré de cabeza y empecé a respirar por el lado contrario al de las sílfides quinceañeras con las que compartíamos calle, sólo por no verlas y agobiarme. Yo, a lo mío.
La verdad es que no fue tan mal, vamos que fue muy bien. Primero los 400, luego los 200, los 100, los 50. Me sentí parte del equipo, de una tribu y eso me dio las fuerzas para nadarlo todo. Terminamos las últimas, eso sí! pero lo bueno es que nos guardaron empanada!! Ya estoy pensando en la siguiente y en quedar las últimas de nuevo para que nos guarden la merienda.
23.2.15
Siempre he dicho que no tengo personalidad
Siempre he dicho que no tengo personalidad, soy de los que si ve una cola me pongo detrás sin saber siquiera porqué las personas están delante de mi esperando, pero siempre pienso “Algo bueno darán si hay tanta gente esperando”, y más o menos esto es lo que me pasó a mi en Sevilla.
No os creáis que fue fácil… Lo digo y lo
seguiré diciendo… Odio correr, pero le comenté al hombre impasible Carlos; que
un día de estos me iba a apuntar a correr aunque todavía no lo había decidido,
mi sorpresa fue mayúscula cuando a la semana siguiente me dijo que las clases
empezaban el jueves.


